viernes, 25 de mayo de 2012

Sobre las Tensiones

Convivir con las Tensiones

Hans Zollner

Second Life es el sitio de Internet que te ofrece una vida alternativa: una nueva identidad, un mejor físico, nada de vecinos poco deseables, amigos de película, deseos sin límites... Una vida alternativa ideal, pero para morir del aburrimiento. En efecto, no preve tensiones; si aparece alguna, basta hacer un clic en la computadora y todo desaparece.

A la vida real y auténtica pertenecen las sanas tensiones entre (al menos) dos fuerzas o dos realidades: sanas, porque hacen posible un desarrollo auténtico hacia la madurez. También la teología ha estudiado durante mucho tiempo las tensiones entre los grandes polos del vivir: Dios y el hombre, la humanidad caída y aquella redimida, la Iglesia de los santos y la de los pecadores...; allí donde disminuye la tensión entre estos dos polos, el espacio se vuelve estrecho y puede nacer la herejía. También la psicología dio un nombre a las tensiones normales del vivir: instinto de muerte e instinto de vida (Freud), Yo ideal y Yo real (psicología del Yo), tendencia hacia las necesidades y tendencia hacia los valores (psicología de la motivación)...; allá donde cesa la tensión entre estos dos polos y uno de ellos se vuelve absoluto, nace el disturbio y la enfermedad.

Las tensiones no son solamente inevitables, sino también estímulo de vida: sin ellas no hay acción, nada se mueve. En cambio, si son excesivas, crean explosiones y rupturas, y provocan el espejismo de la second life.También la vida en Cristo no exime de las tensiones. Las enfrenta bajo una luz diversa, pero permanecen: aquellas entre la grandeza de Dios y la pequeñez humana, entre los entusiasmos de los inicios y la cotidianidad del seguimiento, entre las expectativas y lo que se logra hacer concretamente, entre la comunidad que esperaba y aquella real... El artículo presenta algunas tensiones típicas de la vida del sacerdote y del consagrado2. Conciernen al ámbito de la consagración personal (¿quién soy yo en un mundo a menudo extraño?), aquel comunitario (¿cómo vivimos juntos?) y aquel de la misión (nuestras iniciativas, ¿son todavía eficaces o son un obstáculo?). Ofrece también algunas sugerencias para vivirlas de forma tal que sean de estímulo para la madurez, aspecto que es posible cuando nos acostumbramos a percibirlas, aceptarlas y elaborarlas.

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Tomado de la revista: Tredimensioni

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