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domingo, 15 de julio de 2012

El Futuro de la Educación Católica



EL FUTURO DE LA EDUCACIÓN CATÓLICA

Es normal que quienes nos dedicamos a la educación digamos convencidos que buscamos la excelencia en nuestra misión. Sin embargo, cuando se trata de una educación católica que debiera privilegiar su misión de colaborar con la construcción del Reino de Dios, es necesario que respondamos la pregunta a propósito de la identidad católica de nuestra misión. ¿Cuál es la especificidad de nuestro modo de proceder? La educación que ofrecernos, aun en el caso de que realmente fuese excelente, ¿cumple los requisitos de una formación que vaya mucho más allá de la que ofrecen las empresas especializadas en este campo y que “venden” un producto a quienes tienen la posibilidad de pagarlo? Estas y otras preguntas fueron analizadas en el Seminario de estudio de la Congregación para la Educación Católica, Dicasterio vaticano responsable de la educación en todo el mundo y en el que tuve la oportunidad de participar el 22 y 23 de junio pasado.

Un polo de discusión que nos ocupó un buen tiempo fue el relativo a la “tensión entre laicismo y fundamentalismo”. Constatamos que existen dos tentaciones extremas: por un lado, el fundamentalismo o integrismo que niega los derechos al hombre en nombre de la ley de Dios y, por el otro, el laicismo o secularismo que niega que la religión tenga un sitio en el espacio público aludiendo a los derechos al hombre. Hemos caído en el extremo de absolutizar, por un lado una especie de estructura enferma de la religión que niega la razón y por el otro, la enfermedad de la razón que niega la religión. En este estado de cosas ¿cuál es el sitio que da la educación a la religión en un mundo multicultural? ¿Se acepta con facilidad el derecho de los padres a elegir un centro académico no solo de excelencia sino abiertamente cristiano, más aun, católico? ¿Se da el mismo tratamiento a una escuela protestante a otra que pretende introducir el Islam que a una que es fiel a la tradición católica?

Asimismo, un problema que debemos resolver es la “tensión entre tecnofobia y tecnolatría”. No podemos cerrar los ojos a la realidad de que hoy cualquier adolescente usa la informática como el medio normal de comunicación. La inmensa mayoría pertenece a una o dos redes sociales, su único medio de comunicación es el teléfono celular o la internet. Obviamente hemos caído en excesos que pueden ser sumamente peligrosos aun cuando por otra parte, es un hecho que se da una atención particular de las ciencias humanas y sociales a la educación. Las técnicas se multiplican y se favorece el acceso a cada vez mayor y mejor información. Es cierto que es una enorme oportunidad pero, al mismo tiempo, es un gran desafío. Podemos, en efecto, caer en la tentación de reducir nuestra comunicación a seguir una especie de recetas o de imponer y multiplicar complicadas reformas educativas que no mejoran los niveles reales de la educación. Podemos olvidar que la educación, mucho más que una técnica, es un arte que debemos preparar y cultivar porque la singularidad de la persona no podrá ser regulada jamás por la técnica, por muy desarrollada que sea.

Un buen educador está llamado a educar sobre el correcto uso de la internet, sobre el sentido verdadero del conocimiento y que la posibilidad de acceder a una información casi infinita, no nos hace mejores. Es imprescindible que sepamos ensenar el valor de jerarquizar la información a la que tenemos acceso, saber discernir y juzgar. Finalmente discutimos enorme desafío: la “tensión entre libertad en la educación y la integración”. De una parte, el Estado tiene el derecho y el deber de buscar la integración de sus ciudadanos en un solo modelo educativo oficial. Pero también en algunos países, cuando los jóvenes o no tienen acceso a una buena educación o ésta es deficiente, debiera respetar el derecho de los padres a elegir la educación de acuerdo a sus convicciones. Por último, no podemos soslayar la “ tensión entre dominio (violencia) y la pérdida de autoridad”. Tristemente, la violencia es muy común en muchos países del mundo como el modo elegido para educar. Se olvida que la violencia engendra violencia tanto de parte del joven como del adulto. 

De ahí que no sea posible aceptar una falsa idea de que toda la autoridad la tiene el educador pues se podría confundir con un poder de dominio. O por otra parte, igualmente peligroso sería creer que el alumno es libre de hacer lo que le dé la gana porque sería correr el riesgo de que se pierda la legítima autoridad de padres y educadores. De aquí que valga la pena aclarar ¿cuál es la concepción de autoridad que se maneja en el ámbito educativo actual?



P. Jaime Emilio González Magaña, S. I.
Domingo 15 de Julio de 2012.

domingo, 8 de julio de 2012

Los Desafíos de la "Emergencia Educativa"



LOS DESAFÍOS DE LA "EMERGENCIA EDUCATIVA". 

El seminario de estudio “Educación: hoy y mañana”, organizado por la Congregación para la Educación Católica, se planteó abordar la problemática de la emergencia educativa partiendo de lo que, en su momento, Jacques Delors presentaba al presentar los desafíos como dos polos en tensión. El primero de ellos fue denominado “Tensión entre lo global y lo local” asumiendo lo que ya S. S. Juan Pablo II había afirmado en su Discurso en la VII Sesión Plenaria de la Pontificia Academia de las Ciencias Sociales, el 27 de abril de 2001 en el sentido de que "la globalización, a priori, no es ni buena ni mala. Será lo que las personas harán de ella”. Durante el seminario se puso especial énfasis en el hecho de que uno de los principales desafíos consiste en pasar de una mundialización -considerada excesivamente en el plano económico (homo oeconomicus), y, por lo tanto centrada en el tener-, a una mundialización ética y, por lo tanto centrada en el ser, fundamentada en el hombre en su totalidad (homo sapiens et amans). Es un hecho que la educación es sometida tanto a la mundialización como a las leyes del mercado, sin embargo ¿debe ser regulada sólo por ellas? ¿Cuáles leyes regulan los procesos educativos y las instituciones académicas en nuestros días ?

Un segundo polo fue reconocido como la “Tensión entre la unidad y el pluralismo cultural”. Se constata una visión muy difundida del miedo a un neo-colonialismo cultural que inhiba las especificidades. De otra parte, la insistencia unilateral sobre las identidades culturales y nacionales engendran el repliegue sobre ellos mismos, los guetos y la exclusión del otro. Otro aspecto del desafío cultural es el de la continuidad de los tiempos: muchos jóvenes son golpeados por la falta de esperanza y por lo tanto de futuro; cada vez más, también les faltan raíces propias. ¿Cómo educar en un mundo global, respetando las culturas pero también la apertura a una "hermandad universal?" ¿Cómo respeta la educación la continuidad de la transmisión respetando la novedad de cada época? El tercer desafío tiene que ver con la “Tensión entre individualismo y nacionalismo”. Se puede observar cómo el occidente está enfermo de individualismo, mientras tanto otros países se han enfermado de "comunitarismo", bajo forma de nacionalismos, de tribalismos o de sectarismos. ¿Y si una educación global pudiese relacionar al individuo, a la persona, su sentido de pertenencia a un grupo y a la vez su apertura al otro, a todos los otros?

El cuarto fue llamado el de la “Tensión entre tradición y modernidad” y ofreció la posibilidad de que la educación pueda ser considerada entre dos tentaciones, es decir, permanecer en el pasado (tradicionalismo) e idealizar el porvenir (progresismo). La preguntas planteadas han sido: ¿Cómo la educación cultural puede conjugar los tres "éxtasis" del tiempo? ¿Cómo asegurar una continuidad fluida? ¿Cómo conjugar la memoria y la esperanza? ¿Cómo arraigar la esperanza en la memoria, salvando la capacidad de iniciativa? Por lo que se refiere a la “Tensión entre el derecho de todos a la educación y las desigualdades” se asumió, por un lado, la reciente demanda de educación que no deja de crecer por parte de las personas y, por otro, la necesidad de disponer de personal cualificado y competente. Asimismo, se constata la desigualdad de los recursos económicos y del conocimiento. ¿Cómo puede responder la educación a este derecho universal de acceder a ella? ¿Cómo, en un mundo globalizado y solidario, los países más favorecidos pueden ayudar de manera justa a aquellos que lo son menos, respetando su cultura y su especificidad?

El sexto desafío de la educación en nuestros días tiene que ver con la “Tensión entre el dogmatismo intolerante y el relativismo escéptico (hacia la verdad y los valores”). Pudimos caer en la cuenta de cómo, de una parte, algunos intentan no sólo de imponer su visión del mundo, excluyendo otros acercamientos legítimos. Y, de otra parte, nuestro mundo actual rechaza la verdad y la norma ética universales, la intolerancia y la violencia. Se prefiere hablar de "valores" y de "sentidos" antes que de bien y verdad. Lo justo es separado del bien y de la verdad. Como decía el Santo Padre “en una sociedad así falta la luz de la verdad, más bien se considera peligroso hablar de la verdad, es considerado como "autoritario" y se acaba por dudar de la bondad de la vida”.

Además, la verdad a menudo se reduce a la razón utilitarista. De ahí que sea válido preguntarnos ¿Cómo educar a la verdad y a la justicia evitando el doble riesgo del dogmatismo intolerante y la "dictadura" del relativismo? ¿Cómo puede devolver la educación toda su plenitud al logos humano?

P. Jaime Emilio González Magaña, S. I.

domingo, 1 de julio de 2012

VOTAR O NO VOTAR Y PARA QUÉ

VOTAR O NO VOTAR Y PARA QUÉ


Hoy es un día sumamente especial para nuestro país pues se elegirá un nuevo Presidente de la República y otros representantes públicos que, al menos en teoría, deberían vigilar por la paz, el progreso y la justicia de México. De ningún modo podemos esquivar ni hacernos “de la vista gorda” ante la urgente necesidad de expresar nuestra decisión libre y comprometida por el futuro de millones de mexicanos. Más aún, como cristianos, estamos obligados a colaborar para que todo un pueblo pueda ejercer su derecho y obligación en la acción democrática que significa elegir nuestros representantes. Es necesario que seamos muy conscientes de la situación que estamos viviendo antes de salir a la calle, localizar la casilla que nos corresponde y cruzar una determinada boleta porque no se trata solamente de cumplir por cumplir sino que es urgente que lo hagamos consciente y responsablemente.

Las elecciones deberían funcionar como mecanismo de la ciudadanía para castigar o premiar a un partido político según haya ejercido el poder en su período de gobierno, sea el actual o los precedentes; como termómetro para medir la valoración de los ciudadanos sobre el gobierno saliente; para medir la credibilidad en el proceso electoral como mediación pacífica para cambiar o controlar al poder político. Para impedir que los medios de comunicación con su aplastante poderío económico y de control, impongan un candidato que les conviene para seguir usufructuando la posición privilegiada no sólo económica sino política a través de los favores que deberán pagar las personas a quienes hayan ayudado a llegar al poder. Por todo ello, es imprescindible que nos hagamos preguntas semejantes a éstas: ¿Cuáles son los valores que debemos proponer y testimoniar desde la fe? ¿Qué elementos de una elección democrática son acordes con los valores del Reino de Dios? ¿Cuáles son los valores cristianos que hemos de impulsar en un proceso electoral?

Es de vital importancia que reflexionemos sobre las principales características de nuestro contexto como país para saber qué es lo que necesitamos exigir y cómo podemos responder ante las actitudes y propuestas (si las hay) de los diversos candidatos. Hace algunos días, recibí algunas reflexiones de Rita Yadira Díaz Soto, quien es colaboradora en el Colegio del Sagrado Corazón, en San Luis y nos ofrece algunos datos iluminadores. Nos ha tocado vivir uno de los sexenios en los que ha habido un número enorme de muertes por la cada vez más creciente ola de violencia heredada de los errores de gobiernos anteriores. Al cierre del 2011 se hablaba de aproximadamente cincuenta mil muertos de los cuales, muchos sólo cometieron el delito de estar en el lugar y hora equivocados y ser alcanzados por las balas de combate entre el ejército y los cárteles de la droga o grupos delincuenciales relacionados con el narcotráfico. Muchos de los muertos también fueron defensores de derechos humanos, periodistas y activistas sociales, lo que ha generado escándalo internacional.

Para ésta elección vamos a elegir al próximo Presidente de la República, 128 senadores y 500 diputados federales, quienes estarán en funciones durante seis años, trabajando para el pueblo de México. El salario mensual del Presidente asciende a $208,570.92; el de cada uno de los 128 senadores será de $171,444.00. Los “pobres” quinientos diputados recibirán la magra cantidad de $105,378.00. Para que tengamos un dato comparativo con estos salarios que reciben nuestros representantes populares, revisemos el monto del salario mínimo que, en 2012 aumentó 4.2% y según el área geográfica corresponde a los datos siguientes: A: diario $ 62.33, mensual $ 1, 869.90. B: diario $ 60.57, mensual $ 1,817.10 y C: diario $ 59.08, mensual $ 1,772.40.

Como cristianos no debemos permanecer indiferentes y estamos obligados a expresar nuestra opinión crítica y la decisión libre después de orar y reflexionar sobre lo que han ofrecido los candidatos y su postura frente a la asfixiante pobreza de México y la distribución inequitativa de la riqueza, el crimen organizado, las relaciones con otras instancias sociales como la Iglesia. ¿Cuál es la opinión de los candidatos sobre el aborto, los mal llamados matrimonios gay, la seguridad de las familias, etc.? Analicemos detenidamente la situación nacional en este importante día, no olvidemos de pedir la luz de Dios para actuar madura y comprometidamente para conocer lo que Él quiere para su pueblo mexicano. Cuidémonos de optar por la vía más fácil o más llamativa y creer en promesas que no se pueden cumplir. Será mejor que pensemos bien antes de elegir y optar y permanecer vigilantes y activos en la participación ciudadana. Es nuestro derecho y es la esperanza de México.

P. Jaime Emilio González Magaña, S. I.
Domingo 1º de Julio de 2012

domingo, 24 de junio de 2012

UN HUMILDE Y SANTO TRABAJADOR EN LA VIÑA

UN HUMILDE Y SANTO TRABAJADOR EN LA VIÑA


Una voz unánime se ha escuchado en Roma durante la última semana: el Santo Padre es, verdaderamente, un hombre de Dios. En los días previos al VII encuentro mundial de las familias que se llevó a cabo en Milán, probablemente la ciudad más rica de Italia y, sin duda, una de las diócesis más importantes de la Iglesia universal, había una especie de morbo enfermizo por ver las reacciones del Papa. Los medios de comunicación estaban necesitados de seguir usufructuando el escándalo de la filtración de algunos documentos privados del Pontífice. La respuesta de Benedicto XVI ha sido no solo la de un hombre de Estado de primer nivel sino que nos sigue dando ejemplo de lo que debe ser cualquier cristiano sometido a la prueba, a la calumnia y la persecución. Lo he dicho en varias ocasiones y constato que si algo ha caracterizado a este Papa, cuando lo quieren aparecer débil en relación con su sucesor inmediato, es el modo como demuestra una tranquilidad, una paz y una serenidad apabullantes que hace que su figura se afiance y crezca más cada día.

Ha sido criticado por posiciones ideológicas antagónicas; aparentemente, ha sido traicionado por uno de sus colaboradores más cercanos; se han hecho públicos algunos acontecimientos de sacerdotes que han escandalizado al mundo con sus acciones, incluso hay quien ha asegurado que está por presentar su renuncia. Sin embargo, el Santo Padre se mantiene firme y, justo cuando parece que algo más está por estallar, ha mostrado a los pueblos del mundo la razón, la belleza y el poder regenerador del cristianismo. Algunos han dicho que es muy anciano para conducir y renovar la Iglesia y él ha emprendido una labor de purificación desde las entrañas mismas de la Santa Sede. Lo han acusado de que es muy académico para ser entendido por la gente simple y, no obstante, desde que inició su pontificado, el número de los participantes a sus audiencias se ha triplicado. Para quienes han afirmado que es demasiado dogmático para dialogar con la modernidad, su respuesta ha sido la valentía con la que ha dialogado con científicos, ateos, agnósticos universitarios, disidentes y cismáticos, judíos, musulmanes y a todos ha dejado maravillados con su sabiduría.

Para quienes han dicho que es demasiado débil para hacer frente a la traición, a la corrupción, a la pérdida de fe, Benedicto XVI ha salido airoso con la fuerza de su palabra evangelizadora y la contundencia de su testimonio profético. En el VII Encuentro Mundial de las Familias ha demostrado la renovada capacidad del cristianismo para convertir los corazones y dar esperanza a los pueblos del mundo. Cuando somos testigos del modo como todo parece derrumbarse: las finanzas, las ideologías, los ídolos, los partidos políticos, los edificios públicos, las vocaciones, e incluso la fe, el Papa reunió a ochenta mil jóvenes confirmandos y sus catequistas en el estadio “Giuseppe Meazza”. Con valentía, los animó a vivir la santidad como "el camino normal del cristiano", y los invitó a ser "disponibles y generosos hacia los demás, porque el egoísmo es el enemigo de la verdadera alegría". "Sean abiertos a lo que sugiere el Señor –les dijo-, y si los llama a seguirlo ¡no le digan que no!", porque "Jesús llenará su corazón para toda la vida".

A las familias de todas partes del mundo les dijo que el futuro pertenece a aquellos que tienen fe en Jesucristo. A los funcionarios de la administración pública les explicó que para superar la crisis: "no sólo se necesitan decisiones técnico-políticas valientes, sino de aquella ‘gratuidad’ que deben motivar las decisiones de los cristianos. Contra la crisis, la justicia no es suficiente a menos que sea acompañada del amor por la libertad", y es en este contexto que la política debe convertirse en "una forma superior del amor" para las personas y para el bien común”. Es un hecho innegable que Benedicto XVI ha mostrado su determinación firme y serena para dirigir la “barca de Pedro”, iluminando e inflamando los corazones y las mentes del mundo entero. Es un gusto constatar cómo el “humilde trabajador en la viña" como se definió al inicio de su pontificado, ha cumplido su promesa: está podando la viña, haciéndola más libre y fuerte ante los intentos de manipulación y contaminación. Es un anciano, es verdad, parece frágil de cuerpo, también es cierto, pero la manera en que está limpiando la Iglesia, con su deseo firme de volverla transparente y abierta, es algo extraordinariamente heroico.

Los cristianos debemos estar orgullosos de comprobar que –como ningún otro Papa-, ha logrado en tan poco tiempo arrancar de raíz la corrupción de algunas instituciones, cortar las ramas secas y hacer crecer la viña del Señor en medio de tantas dificultades. Probablemente Benedicto XVI no sea del todo carismático pero es, sin lugar a dudas, una bendición de Dios, un hombre santo que no ha tenido miedo a los poderes de este mundo. Con su ejemplo nos está indicando lo que todos tenemos que hacer como Iglesia de Dios: purificar y extirpar lo que no funciona en nuestra vida porque la corrupción, los escándalos y la falta de testimonio no solamente están en la Curia Romana.

P. Jaime Emilio González Magaña, S. I.

lunes, 18 de junio de 2012


EDUCACIÓN: HOY Y MAÑANA

El 15 de enero de 1588 el Papa Sixto V publicó la Constitución Immensa con la que se fundaba la Congregación para las Universidades y los Estudios Romanos, para supervisar los estudios impartidos en las universidades de Roma y otras notables de la época como Boloña, París o Salamanca. La reforma de la Curia Romana de Pío X en 1908, confirmó esta misión y en 1915 recibió el nombre de «Congregatio de Seminariis et Studiorum Universitatibus» y desde entonces es responsable del sector de las escuelas y universidades católicas y eclesiásticas, así como de los seminarios para los candidatos al sacerdocio. En 2015 celebrará su centenario junto con otros significativos aniversarios de algunos importantes documentos que han analizado el tema de la misión educativa de la Iglesia: el cincuentenario de la declaración sobre la educación cristiana Gravissimum educationis así como del Decreto Optatam totius del Concilio Vaticano II, que abordó el tema de la formación sacerdotal. Además, se celebrará el vigésimo quinto aniversario de la Constitución Apostólica Ex corde Ecclesiae dedicada a las universidades católicas en todo el mundo.

El acontecimiento se sitúa ante la constatación de lo que el Santo Padre Benedicto XVI describió en su discurso de apertura del Congreso de la Diócesis de Roma, el 11 de junio de 2007 cuando afirmaba: «hoy, toda obra de educación parece ser cada vez más ardua y precaria. Se habla por lo tanto de una gran "emergencia educativa", de la creciente dificultad que se encuentra en transmitir a las nuevas generaciones los valores básicos de la existencia y de un recto comportamiento, dificultad que implica a la escuela como a la familia y se puede decir a cada organismo que se proponga objetivos educativos sólidos. Podemos añadir que se trata de una emergencia inevitable: en una sociedad y en una cultura que muy frecuentemente hacen del relativismo el propio credo - el relativismo se ha convertido en un tipo de dogma -, en una sociedad así falta la luz de la verdad, más bien se considera peligroso hablar de la verdad, es considerado como "autoritario" y se acaba por dudar de la bondad de la vida -¿Es bueno ser hombre? ¿Es bueno vivir? - y de la validez de las relaciones y los compromisos que constituyen la vida».

Ante esta situación, la Santa Sede ha convocado un primer encuentro de reflexión programado para los días 22 y 23 de junio de este año que se desarrollará en torno al tema: «Educación: hoy y mañana». El Dicasterio ha visto la conveniencia de favorecer una profundización de la cuestión preeminente de la educación así como el poder insistir en un renovado empeño de todos aquellos que, por misión recibida de nuestros superiores, nos vemos implicados de alguna forma en este apasionante apostolado. Como parte sustantiva y preparatoria, la congregación vaticana habrá de definir las líneas claves de un documento llamado Instrumentum laboris o instrumento de trabajo, firmemente convencida de la necesidad de ponerse a la escucha de quienes hemos hecho de los temas educativos la «pasión» de nuestro ser y quehacer, de nuestra búsqueda científica y, sobre todo, de nuestro deseo de poner al Señor Jesús en el centro de nuestra misión apostólica.

En este primer encuentro estarán presentes Michel Camdessus, Presidente del Fondo Monetario Internacional de 1987 a 2000, Mons. Francesco Follo, Observador permanente de la Santa Sede ante la UNESCO, Herman Van Rompuy, Presidente del Consejo Europeo, Piero Cipollone, Director Ejecutivo del Banco Mundial en Italia, Mons. Guy-Real Thivierge, Secretario de la Federación Internacional de Universidades Católicas, entre otros. Las universidades invitadas son: Georgetown, Harvard, Boston College, Loyola, Sorbonne de París, Saint Augustine de Sudáfrica, San Carlos de Filipinas, Sacro Cuore y Lateranense de Italia y, aunque ciertamente indigno, he sido convocado a participar como representante de la Gregoriana. Las líneas de reflexión que estarán a la base de las sesiones de trabajo ponen especial énfasis en los aspectos más relevantes de la educación en el contexto socio-cultural actual y en la perspectiva del futuro. Las sesiones de trabajo han sido distribuidas en tres partes bien delimitadas: 1. La primera es de carácter diagnóstico y su objetivo será presentar la situación de la educación católica en nuestros días. 2. El objetivo de la segunda parte consiste en estudiar, analizar y profundizar los «puntos fundamentales», es decir, aquellos elementos que caracterizan la educación desde la perspectiva de la Iglesia católica. 3. La tercera propone algunas pistas concretas de reflexión, que son también los medios para salir de la situación de emergencia educativa que deberá ser analizada en la primera parte.

P. Jaime Emilio González Magaña, S. I.
24 de Junio de 2012.

jueves, 14 de junio de 2012

BENDITA HUMILDAD


La reciente publicación del escritor italiano Andrea Monda intitulada “Benedetta umiltà” refleja magníficamente su contenido dedicado a las virtudes simples del Santo Padre entre las que destaca precisamente su humildad. En el contexto del cumpleaños número 85 de Josef Ratzinger y los siete años del pontificado de Benedicto XVI se han escrito muchos comentarios del Sumo Pontífice que se ha ganado el corazón de los cristianos por su muy peculiar forma de ser. Como lo he mencionado en otras ocasiones, del mismo modo que Paulo VI tuvo que “sufrir” las comparaciones al suceder al carismático y bondadoso Juan XXIII, el Santo Padre ha tenido que “luchar” contra la absurda opinión de algunos que insisten tontamente en compararlo con el no menos carismático Juan Pablo II. Recuerdo que, desde el momento de su elección y en la misma Plaza de San Pedro, algunos ignorante comentaristas comenzaron a criticarlo, primero por el hecho de ser alemán y, después por la supuesta “línea dura” con la que había dirigido la Congregación para la Doctrina de la Fe.

Durante los siete años de su pontificado ha sido criticado tanto por la derecha como por la izquierda e, incluso, ha sido incomprendido por quien se ha identificado con su pensamiento y que, por lo tanto, tendría que ayudarle a transmitir su mensaje. Pese a sus detractores, es innegable que Benedicto XVI se ha ganado la simpatía del mundo justamente porque es congruente con lo que predica y de ningún modo pretende ganarse la aceptación de nadie con hechos teatrales o que podrían mover las masas en su favor. Bastaría con observar al pastor sencillo y humilde en el modo de arrodillarse, en la forma como se acerca a la gente, sin aspavientos, sin llamar la atención de las miles de cámaras fotográficas que están pendientes de él, sin contar con los medios de comunicación que lo acosan como si quisieran encontrar el más mínimo error en sus apariciones públicas. Cuando uno está cerca de él, se tiene la sensación que tiene cuatro ojos cuando nos mira fijamente y nos hace sentir que en ese momento somos la persona más importante para él.

Si las masas acudían a la Plaza de San Pedro a ver a Juan Pablo II, el número se ha triplicado para escuchar al teólogo Benedicto XVI quien nos habla de Dios no como el totalmente Otro sino como Aquél a quien nos podemos acercar con alegría y esperanza en el futuro. La búsqueda de Dios está en el centro de sus homilías con una sencillez humanísima, con una apabullante fe que deja ver su abandono confiado en las manos de Dios. En Roma lo admiramos como el Papa que se ha atrevido a emprender una purificación profunda de la Curia Vaticana. Ha sido muy atacado por iniciar la reconciliación con los tradicionalistas lefebvrianos o por la decisión de consentir la celebración de la misa antigua con la intención de favorecer la posibilidad de que el viejo rito preconciliar y el nuevo rito posconciliar se enriquezcan mutuamente, haciendo recuperar en mayor medida al primero el sentido de lo sacro y del encuentro con el misterio a veces demasiado reajustado por la dejadez y por los abusos litúrgicos.

Ante su hermano Georg y sus más cercanos colaboradores, en la Misa del día de su cumpleaños pronunció una homilía personal y conmovedora en la que expresó: «Me encuentro ante el último tramo del recorrido de mi vida y no sé qué me espera. Sé, sin embargo, que la luz de Dios está allí, que Él ha resucitado y que su luz es más fuerte que cualquier oscuridad, sé que la bondad de Dios es más fuerte que todos los males de este mundo. Y esto me ayuda a proceder con seguridad. Esto nos ayuda a seguir hacia adelante, y en esta hora agradezco de corazón a todos los que continuamente me permiten percibir el ‘sí’ de Dios a través de su fe». Necesitamos orar mucho por el Santo Padre para que Dios, el Señor, le siga concediendo mucha salud e inteligencia para enfrentar los males de este mundo que insisten en oponerse a su misión de testimonio y profecía.
P. Jaime Emilio González Magaña, S. I.

miércoles, 13 de junio de 2012

Ataques al Papa y a la Iglesia

LOS ATAQUES AL PAPA Y A LA IGLESIA


El día de su cumpleaños, el Santo Padre compartió algunos datos muy personales y significativos que nos ayudan a entender de dónde le viene la fuerza para soportar la incomprensión y aun la persecución. El pontífice dijo que Santa Bernadette, la vidente de Lourdes, y San Benito José Labre, un santo del siglo XVII conocido como el “peregrino de los mendigos”, son las dos figuras de referencia que ha tenido desde pequeño. Expresó que Santa Bernardette Subirous, la vidente de las apariciones de Lourdes, “ha sido siempre para mí un signo (…) de cómo deberíamos ser. Del hecho que con todo el saber y el hacer, que son necesarios, no debemos perder el corazón sencillo, la mirada simple del corazón, capaz de ver lo esencial”. Añadió que Bernardette “sabía ver” lo que la Virgen le señalaba: “la fuente de agua viva, pura”. Agua que es imagen “de la verdad que viene a nuestro encuentro en la fe, de la verdad no disimulada y no contaminada”. Porque “para poder vivir, para poder llegar a ser puros, necesitamos que en nosotros nazca la nostalgia de la vida pura, de la verdad verdadera, de lo no contaminado por la corrupción, del ser humanos sin pecado”.

Asimismo, reflexionó sobre la figura de San Benito José Labre, fallecido un 16 de abril y con quien comparte el nombre de Papa y el de pila. Benito José es un santo que tiene su particularidad en el hecho que «no quiere hacer otra cosa que rezar y dar testimonio sobre aquello que cuenta” en la vida: Dios. No “un ejemplo a emular”, sino como “un dedo que indica lo esencial”: que solo Dios “basta” y que quien “se abre a Dios no se aleja del mundo ni de los hombres porque encuentra hermanos, porque en Dios caen todas las fronteras, porque solo Dios puede eliminar las fronteras porque para Dios, todos somos hermanos, hacemos parte los unos de los otros, que la unicidad de Dios significa al mismo tiempo la hermandad y la reconciliación de los hombres, el desmantelamiento de las fronteras que nos unen y nos curan”». De estos dos humildes santos, el humilde Papa ha tomado la fuerza para enfrentar una serie de ataques de quien se esperaba de él “mano dura” y “un enderezamiento doctrinal”, además de una reafirmación de la identidad cristiana europea de frente al islam. Si para la izquierda es considerado demasiado vuelto al pasado e incapaz de leer las señales de los tiempos, la derecha lo juzga demasiado débil.

Pero eso no es todo. En la homilía de la Misa crismal del Jueves Santo, el Papa compartió su dolor cuando mencionó la profunda crisis que estamos viviendo como Iglesia y que ahora hiere su corazón pues la amenaza viene de un grupo de sacerdotes austríacos y alemanes. Benedicto XVI la llamó situación «dramática» pues a la flagelación del escándalo de pederastia y abusos sexuales, se suma ahora el cisma silencioso de los llamamientos a la desobediencia. Estos hermanos insisten en el tan trillado tema de conceder el sacerdocio a las mujeres y la abolición del celibato, pero de fondo está también el no menos repugnante afán de hacer carrera, desgraciadamente difundido entre algunos eclesiásticos, por las fugas de documentos y por las grietas en la organización del aparato de la Curia Vaticana. Sin acobardarse ante los lobos que aúllan, el Papa sigue llamando a la conversión, a la penitencia y a la humildad y enfatiza: «la desobediencia, ¿es un camino para renovar la Iglesia? Queremos creer a los autores de esta llamada cuando afirman que les mueve la solicitud por la Iglesia; su convencimiento de que se deba afrontar la lentitud de las instituciones con medios drásticos para abrir caminos nuevos, para volver a poner a la Iglesia a la altura de los tiempos. Pero la desobediencia, ¿es verdaderamente un camino? ¿Se puede ver en esto algo de la configuración con Cristo, que es el presupuesto de toda renovación, o no es más bien sólo un afán desesperado de hacer algo, de trasformar la Iglesia según nuestros deseos y nuestras ideas?»

El Santo Padre ha pronunciado palabras duras, dramáticas y realistas sobre la situación y, no obstante, no ha dejado de mostrarse apacible y sereno incluso durante la tempestad y reconoce: «los ataques al Papa y a la Iglesia no sólo llegan desde fuera, sino que los sufrimientos de la Iglesia vienen precisamente de su interior, del pecado que existe en la Iglesia. Esto también se ha sabido siempre, pero hoy lo vemos de una manera realmente aterradora: que la mayor persecución de la Iglesia no proviene de los enemigos externos, sino que nace del pecado en la Iglesia y que la Iglesia por lo tanto tiene una profunda necesidad de volver a aprender la penitencia, de aceptar la purificación».

P. Jaime Emilio González Magaña, S. I.

martes, 12 de junio de 2012

Orar para superar pruebas

LA ORACIÓN PARA SUPERAR LAS PRUEBAS

Cuando no estamos verdaderamente en las manos de Dios y nos vemos sometidos al dolor o a los problemas, nuestra fe vacila, nos llenamos de dudas y todo nos hace pensar que Él nos ha abandonado. En ocasiones nuestra fe se vuelve interesada en los favores que Dios nos hace y nos alejamos si nos parece que Él no nos ha escuchado. Ciertamente equivocamos el camino cuando deberíamos estar más cerca para superar esos momentos de crisis y de prueba. En la audiencia general del nueve de mayo pasado, el Santo Padre, con su sabiduría característica, nos ha enseñado el valor de la oración en momentos como los que he referido antes. Para su catequesis, eligió el último episodio en la vida de San Pedro narrado en los Hechos de los Apóstoles: su encarcelamiento por orden de Herodes Agripa y su puesta en libertad por la intervención milagrosa del Ángel del Señor, en la víspera de su juicio en Jerusalén (Cf. Hch. 12,1-17).

En el pasaje citado, San Lucas escribe: "Mientras Pedro estaba bajo custodia en la prisión, la Iglesia no cesaba de orar a Dios por él" (Hch. 12,5). El Papa hizo énfasis en que "un grupo numeroso se hallaba reunido en oración" (Hch. 12,12) y destacó la actitud de la comunidad cristiana de cara al peligro y a la persecución. Nos hizo ver cómo la fuerza de la oración incesante de la Iglesia se eleva a Dios y el Señor escucha y realiza una impensable e inesperada liberación, mediante el envío de su ángel quien representa no sólo la liberación de Israel de Egipto, sino también la Resurrección de Cristo. Cuando todo parecía perdido, el ángel sacudió a Pedro y lo hizo levantar" (Hch. 12,7). Nos hace caer en la cuenta que la luz que llenó la habitación era la luz liberadora de la Pascua del Señor, que vence a las tinieblas de la noche y del mal, nos invita a ponernos en camino y seguirlo a Él sin vacilar. De ahí que ordena a Pedro: "Ponte el cinturón y sígueme” (Hch. 12,8).

En los momentos de desolación y confusión, es necesario que confiemos plenamente en el Señor, salir de nosotros mismos, de nuestros miedos y falsas seguridades y buscar fiarnos una vez más de Él que no nos fallará jamás. El Papa hizo énfasis también en la actitud confiada de Pedro que, mientras la comunidad cristiana ora fervientemente, él "dormía" (Hch. 12,6) porque su confianza estaba en Aquél que no lo dejaría jamás. En la vivencia de Pedro podemos contemplar cómo actúa Dios cuando el hombre en peligro se abandona completamente en Él, se fía en su presencia y en la oración de la comunidad. Su testimonio nos ayuda a ver que así debe ser nuestra oración: asidua, en solidaridad con los demás, confiando plenamente en que Dios nos conoce en el fondo y cuida de nosotros. Obviamente, para llegar a esta actitud se requiere fidelidad y una fe completa en la acción de Dios que no nos abandona a pesar de que todo parezca indicar lo contrario.

Es necesario, pues, que cuando atravesemos la noche de la prueba, estemos en vigilancia y en oración que es la que nos sostiene pues, como dijo Benedicto XVI: «una comunidad en crisis, en dificultad, no a causa de la persecución, sino porque en su interior hay celos y contiendas (Cf. St. 3,14-16). Y el Apóstol se pregunta la razón de esta situación. Se encuentra con dos razones principales: la primera es el dejarse dominar por las pasiones, por la dictadura de sus propios deseos, del egoísmo (Cf. St. 4,1-2a); el segundo es la falta de oración: ‘no piden’ (St. 4, 2b) -o la presencia de una oración que no se puede definir como tal- ‘Piden y no reciben, porque piden mal, con el único fin de satisfacer sus pasiones’ (St. 4,3). Esta situación cambiaría, según Santiago, si toda la comunidad hablase con Dios, rezando asiduamente y unánime de verdad. Incluso el discurso sobre Dios, de hecho, puede perder su fuerza interior y hasta el testimonio se seca si no están animadas, apoyadas y acompañadas por la oración, por la continuidad de un diálogo vivo con el Señor. Un recordatorio importante para nosotros y nuestras comunidades, tanto las pequeñas como la familia, así como las más amplias como la parroquia, la diócesis, la Iglesia entera. Me hace pensar que han orado en esta comunidad de Santiago, pero han orado mal, sólo para sus propias pasiones. Continuamente debemos aprender a orar bien, realmente orar, orientarla hacia Dios y no hacia el propio bien».

P. Jaime Emilio González Magaña, S. I.


jueves, 7 de junio de 2012

Complot... ¿En el Vaticano?

COMPLOT… ¿EN EL VATICANO?

Hasta hace poco tiempo, nadie hubiera podido dar crédito a la cantidad de chismes y elucubraciones en torno al sucesor de San Pedro y su misión. Se constata la triste realidad que Benedicto XVI había ya advertido en el sentido de que: «los ataques al Papa y a la Iglesia no sólo llegan desde fuera, sino que los sufrimientos de la Iglesia vienen precisamente de su interior». Lo que ahora nos preocupa nos remite al pasado 18 de mayo cuando salió a la venta el libro del periodista italiano Gianluigi Nuzzi intitulado «Su Santidad: Los documentos secretos del Vaticano». La publicación contiene información reservada a la Santa Sede y documentos privados del Santo Padre que la sala de prensa vaticana ha calificado no solo de «una discutible –y objetivamente difamatoria-, iniciativa periodística, sino que asume claramente las características de un acto criminal». Es un hecho que el Santo Padre, e incluso los remitentes de los mensajes a él dirigidos, han visto violados sus derechos personales de reserva y de libertad en la correspondencia.

En la tarde del miércoles 23 de mayo fue arrestado Paolo Gabriele, mayordomo del Papa, luego de que en su apartamento se encontraran documentos reservados de la Santa Sede. Gabriele, casado y con tres hijos y uno de los miembros de la llamada «familia pontificia», un grupo de 9 personas que sirve de manera personal al Pontífice, permanece detenido en la Gendarmería Vaticana. A partir de este lamentable hecho, semejante a una novela de ficción estilo Dan Brown, todo ha sido chisme y comentarios infundados que han llegado al extremo de afirmar que existe un «complot» en contra del Papa que llegaría al extremo de planear su asesinato. El jesuita Federico Lombardi, ha desmentido categóricamente las versiones de la prensa sensacionalista que ha afirmado la existencia de algunos aparatos de grabación y de reproducción en la casa del mayordomo. Añadió que Carlo Fusco, abogado de Gabriele, ha afirmado que el acusado tiene el deseo de colaborar con el caso, que su esposa «no ha concedido jamás una entrevista y que el mayordomo se encuentra muy sereno y tranquilo», contrario a todo lo que se ha dicho en los medios.

Los abogados también expresaron su «estupor» por las versiones de algunos diarios que afirman tener elementos del caso que ellos desconocen. Asimismo, el padre Lombardi expresó firmemente que no existe algún cardenal sospechoso: «Lo desmiento del modo más total, no hay ningún cardenal italiano o no italiano sospechoso de modo particular». El jefe de la oficina de prensa vaticana pidió considerar que «la comisión cardenalicia nombrada por el Papa escucha a diversas personas, entre ellos cardenales que son responsables de diversos despachos de la curia, pero esto no significa en absoluto que haya motivos de sospecha. Lo desmiento y no tiene fundamento. También desmiento que haya alguna mujer investigada, en una entrevista o presunta entrevista de un diario italiano, se hablaba de un grupo de relatores nombrados por el Papa y dirigidos por una mujer». Y añadió: «estamos en la pura fantasía, no hay en absoluto ningún fundamento sobre esto, y los invito a dudar en las entrevistas de este tipo».

Cuando se afirma que Gabriele podría ser declarado culpable del crimen de posesión ilegal de documentos de un Jefe de Estado, lo que está penado con 30 años de cárcel, el Padre Lombardi declaró el sábado que la idea es acusarlo solo de «robo agravado». Y ante las supuestas «luchas de poder» internas en el Vaticano que precederían una sucesión papal anticipada, el jesuita consideró estas versiones como exageradas y sin fundamento, por lo que hizo un llamado a la objetividad. También ha habido algunos medios italianos que han publicado unas declaraciones de personas anónimas que se autodenominan «los cuervos», señalando que Paolo Gabriele es solo un «chivo expiatorio» y afirman que han hecho estas maniobras para ayudar al Santo Padre. Sin embargo, ninguna fuente anónima ha sido capaz de responder a la pregunta « ¿Cómo ayuda al Papa la filtración de documentos y correspondencia secreta que traen mala prensa a la Santa Sede?». Obviamente el Santo Padre está preocupado y se muestra cansado -y yo diría triste- como pudimos percibir en la celebración de la Eucaristía de Pentecostés y en el rezo del ángelus ante miles de personas que le manifestamos nuestro amor, respeto y apoyo incondicional. No cabe duda que, como hombre santo, está siendo sometido a la prueba y la persecución, sin embargo, conserva su habitual serenidad, su amable sonrisa y nos da un testimonio hermoso de fe y esperanza, a pesar de las circunstancias de dolor y confusión que estamos viviendo como Iglesia y él, como un gran pastor.

P. Jaime Emilio González Magaña, S. I.