El lado espiritual: las tensiones de la consagración
Hans Zollner
Confianza-desconfianza
Vivimos tensiones también en la relación con Dios: entre confiarnos a Él en la oración y contar con nuestro trabajo, entre apoyarnos en Él y confiar más en nuestros talentos, entre aceptarlo así como Él es y querer que Él sea como nosotros queremos... Siguiendo el esquema de Erikson, se puede notar en el ejemplo que sigue, la activación del conflicto confianza-desconfianza.
La hermana Elizabeth, 53 años, religiosa desde hace 30, después del noviciado y una especialización en contabilidad, fue destinada a la administración de su congregación. Es una mujer amable, paciente pero también un poco huidiza y alguna vez hasta quisquillosa. Cada tanto se siente triste, cosa que tiene para sí y que desaparece espontáneamente en 2 días. En esos días, está inquieta y nerviosa: rezar le parece como hablar con el muro y le vienen ideas “extrañas” como “¿amo verdaderamente a Dios o estoy solamente repitiendo un juego despiadado?”. Desde hace una decena de años tiene la sensación de que Dios la pueda abandonar: ella cree, pero siente también que una parte de su corazón no se ha entregado a Dios. Descubrirlo le hace mal.
Detrás de la duda aparente de fe aparecen algunas preguntas: Yo, ¿puedo ser? Yo, ¿puedo estar delante de Dios? ¿Puedo mantener la confianza en Dios también cuando me parece lejano y un poco caprichoso? Para Elizabeth, el Dios que actúa según su propia decisión y potencia, conduciendo también en “valles” tenebrosos, es como un agujero negro del que hay que apartarse si uno no quiere ahogarse. Es justo esto lo que le sucede también con los otros: si se le acercan demasiado, pero no como ella desea, los rechaza, pero después está mal porque le gustaría confiar en ellos. ¿Soy digna? ¿Puedo soportar el encuentro y permanecer viva? ¿Soy capaz de mantener una amistad estable aún cuando somos y debemos permanecer diversos y alejados?..., son todas preguntas que vienen a flote y que permiten a Elizabeth dar un nombre a la tensión que hasta este momento ha tenido dentro, toda para sí.
Pasaje determinante: para que la tensión, de un simple nerviosismo, se vuelva pasaje a una confianza más profunda, se necesita que Elizabeth sea ayudada a expresar (en vez de comprimir) en forma consciente y delante de Dios, su tristeza y cólera. Además, debe ser sostenida para atravesar (en vez de huir) su tristeza y recordarse en forma cauta, en el momento del extravío (y no solamente después), de la persistente ternura de Dios.
Integridad-desesperación
La edad media de la vida se alarga y nos volvemos siempre más viejos. En Alemania, el 76% de las religiosas supera los 65 años de edad y en muchas comunidades la media es de 75 años. Tenemos aquí también un desafío espiritual que activa la tensión típica del estadio 8 de Erikson, integridaddesesperación.
¿Puedo jubilarme sin que por ello me sienta inútil? ¿Cómo afronto la llegada de los achaques? ¿Cómo vivo el hecho de que siempre más frecuentemente dependo de manos extrañas? ¿Qué cosa me enseñan los altibajos de mi vida, también en relación con Dios? Con el tiempo que pasa, ¿me estoy volviendo sabio o escéptico? Al final, ¿qué cosa es lo que cuenta? Si estos dilemas permanecen bloqueados, la persona se vuelve dura y amarga (“desesperación”).
El Padre Andrés, 77 años, religioso desde hace 60, ha sido párroco por 30 años y después ayudante en una parroquia de la congregación. Aquellos que frecuentan los sacramentos han disminuido y sus más estrechos colaboradores han envejecido con él. Él mismo siente que sus fuerzas han disminuido. Retirarse lo asusta: todos sus conocidos son de la parroquia. Si se traslada, ¿quién vendrá a visitarlo? Aquí ha tenido tantas consolaciones y conoce a todos los hijos de los muchachos que él había bautizado. No tiene amigos. Toda la vida ha solamente trabajado. ¿No le queda más que esperar la muerte?
Pasaje determinante: el superior, en diálogo con P. Andrés, no debería afrontar la cuestión como un problema técnico que hay que resolver, sino como una persona a la que hay que honrar por el servicio de una vida, y con la cual buscar una solución de la que P. Andrés esté convencido. ¿Cuánto y cómo permanecer en la parroquia? ¿Cuáles alternativas de vivienda y de intereses se le pueden presentar?
El haberse donado durante una vida entera implica tensiones en las que entra también la dimensión institucional/comunitaria y no solamente aquella individual y/o espiritual. Una asociación de hombres/mujeres que desea volverse una comunidad según el espíritu de Jesús, vive en si misma la tensión inherente a esta meta nunca alcanzada, y dicha tensión se entrelaza con las tensiones de sus miembros, que como en el caso de P. Andrés se concreta en la no fácil conciliación de los dos polos: las exigencias comunitarias/institucionales y las suyas personales.
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